El Evangelio según San Mateo y su vinculación a la tradición de San Pedro1, hizo que fuera el más citado y comentado en los primeros siglos de la Iglesia. Orígenes, San Hilario de Poitiers, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros, escribieron comentarios sobre él. En la época patrística se encuentran numerosas citas y referencias a este Evangelio. Es un Evangelio muy enraizado en la vida de la Iglesia, por esta razón ocupa, desde muy antiguo, el primer lugar entre los evangelios y los libros del Nuevo Testamento.

Una de las razones por la que se daba tanta importancia a este Evangelio en los primeros siglos de la historia de Iglesia era porque se pensaba que fue el primero en escribirse y, por tanto, el más cercano a Jesús y a las fuentes, así lo creía San Agustín; sin embargo, hoy en día se sabe que “San Marcos es el evangelio más antiguo”.

Un dato curioso es que en este Evangelio los paganos siempre son presentados de forma positiva4: los Magos, la mujer pagana, el centurión, incluso Pilatos (cf. Mt 27,15-26).

El Evangelio de San Mateo es el que más desarrolla la reflexión sobre la Iglesia. Para San Mateo la Iglesia es el pueblo congregado por Jesús, la verdadera descendencia de Abrahán, que ha heredado la misión del Antiguo Israel. Se cita explícitamente a la Iglesia en Mt 16,18-19 y en Mt 18,17-185. El Evangelio de San Mateo se conoce como el Evangelio eclesial por excelencia, no sólo porque es el único que emplea la palabra Iglesia (ἐκκλησία) sino porque en todo el Libro se respira un clima de comunidad-fraternidad.

En general San Mateo dará mucha importancia a las parábolas de Jesús, ya que es la forma más característica (aunque no la única) de su enseñanza6. Dentro de las parábolas de Jesús encontramos algunas que hacen relación expresa al reino de Dios o reino de los Cielos. Los Santos Padres, sobre todo, San Agustín y San Juan Crisóstomo han sido los mejores exégetas de las parábolas de Jesús.

San Juan de Ávila hará uso continuo de las parábolas de San Mateo, especialmente de la parábola7 del tesoro escondido y la perla (cf. Mt 13,44-46), de la parábola del siervo inmisericorde (cf. Mt 18,21-35), y de la parábola de los talentos (cf. Mt 25,14-30)8. Aparte de estas parábolas San Juan de Ávila cita también otras como: el hombre fuerte (cf. Mt 12,24-26) y los viñadores homicidas (cf. Mt 21,33-46).

El Evangelio de San Mateo desarrolla y toca temas tan importantes como las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-11), la oración del Padrenuestro (cf. Mt 6,9-13), y el Juicio Final (cf. Mt 25,31-46); temas que, el Maestro Ávila, tratará detenidamente en muchos de sus escritos, especialmente en el Audi Filia II.

El título cristológico prevalente en San Mateo es el de Señor. San Mateo se esfuerza en demostrar que Jesús es el Mesías esperado, el verdadero Israel obediente a la voluntad del Padre. San Mateo insiste mucho en la relación de Jesús con el Padre de quien es Hijo predilecto (cf. Mt 3,27) y en la idea de que el poder le viene a Jesús por el Padre (cf. Mt 11,27), o sea, San Mateo coloca al Padre y al Hijo al mismo nivel. El desarrollo posterior de la reflexión patrística sobre la ontología de Jesús tendrá aquí un fuerte punto de apoyo.

1. Sermón de San Juan de Ávila sobre el apóstol San Mateo.

San Juan de Ávila posee una de las mejores colecciones de sermones de los últimos quinientos años, muchos de ellos perdidos. El P. Juan Díaz publicó algunos sermones del Maestro Ávila en 1596 pero los presentó, no tanto como sermones, sino como tratados. Los sermones del Maestro Ávila los podemos dividir en cinco grandes

bloques: sermones de tiempo, sermones del Espíritu Santo, sermones del Santísimo Sacramento, sermones de nuestra Señora, y sermones de santos.

El sermón sobre San Mateo se encuentra dentro del grupo de sermones de santos. San Juan de Ávila tituló el sermón de la fiesta de San Mateo: “No se hizo sordo al llamamiento”10. El sermón lo divide en cinco puntos:

  • Se levantó y lo siguió.
  • ¿Por qué vuestro Maestro come con los pecadores y publicanos?
  • No vine a llamar a justos sino a pecadores.
  • Prontitud de la respuesta de Mateo.
  • Martirio de San Mateo. 1.1. Se levantó y lo siguió.

San Mateo era un hombre apartado de Dios, engañaba al prójimo; pero Dios lo mira y le habla al corazón, lo despierta del “sueño en el que estaba sumido” (cf. Os 2,14), y lo hace su amigo y heredero de su reino. Dice San Juan de Ávila que “a esto llama la Sagrada Escriptura bendiciones de dulzura”. Dice el rey David: Quoniam praevenisti eum in benedictionibus dulcedinis; posuisti in capite eius coronam de lapide pretioso (Sal 20,4) San Juan de Ávila apela al profeta Oseas y al salmista para afirmar que previene Dios al que no le busca; busca al que de Él huye, llama al que le ofende, justificador, y levanta al caído”.

Para el Maestro Ávila San Mateo era un hombre malo que después se hizo bueno, un pecador que después fue santo y justo. San Mateo estaba dedicado al mundo y se había olvidado de su ánima y de su conciencia. Era arrendador, natural de Cafarnaúm y propietario de un banco. Era hombre rico con mala fama por su oficio de cobrar la renta “de todo por lo que la mar venía”. Estaba San Mateo junto a la mar, con sus libros y dineros, pasó Jesús y, entre todos, puso sus ojos en San Mateo y le dijo: “Sequere me: Sígueme. San Mateo deja todo y lo sigue. “No le detuvieron la muchedumbre de

negocios que tenía; no le detuvo la cobdicia de poner en cobro lo que delante tenía; todo lo dejó este bienaventurado santo; a todo dio de mano. Lenvantóse y siguióle”.

1.2. ¿Por qué vuestro Maestro come con los pecadores y publicanos?

También compara San Juan de Ávila esta vocación de San Mateo con lo que dice Jeremías: Ego non sum turbatus, te pastorem sequens; et diem hominis non desideravi, tu scis (Jer 17,16). San Juan de Ávila considera a San Mateo un hombre valiente y de fe por haber dejado todo por Cristo.

En este sermón sobre San Mateo, San Juan de Ávila se detiene a analizar una pregunta que los fariseos hacen a los discípulos de Jesús: ¿por qué vuestro Maestro come con los publicanos y pecadores? Estos fariseos se referían fundamentalmente a San Mateo ya que dio una comida en su casa a la que asistió Jesús con sus primeros discípulos (cf. Mt 9,10-13; Mc 2,15-17; Lc 5,29-32). Aunque el Evangelio no lo dice expresamente, San Juan de Ávila interpreta que San Mateo quiso con esta comida reparar su pecado y dar buen ejemplo a los que antes había escandalizado con sus malas palabras y consejos .

Utiliza en su sermón un lenguaje descriptivo y contemplativo, es decir, ayuda al lector y al oyente a ver la escena bíblica describiendo movimientos que aunque no están en el texto sagrado se sobrentienden.

San Juan de Ávila será un gran defensor de la oración mental, por eso, a la hora de describir una escena lo hace con tanto detalle, para ayudarnos a ver las cosas, como si estuviéramos allí mismo:

Como hobieron acabado de comer, levantáronse los apóstoles de la mesa y dejaron a nuestro Señor Jesucristo asentado hablando con aquellos publicanos y pecadores que con Él habían comido. ¡Qué palabras les diría! ¡Con tanto amor les hablaba y les respondía, con cuán amorosos ojos miraba, que fuego encendía en sus corazones! Alegre estaba allí el Señor y contento, haciendo la obra para la cual vino a este mundo. Los apóstoles debiéronse de salir a la puerta, andarse hían [sic] por allí en el patio.

Este modo de predicar del santo nos ayuda a ser un personaje más de la escena bíblica, es como si contempláramos lo que está pasando con nuestros propios ojos.

1.3. No vine a llamar a justos sino a pecadores.

La respuesta de Jesús a las impertinentes palabras de los fariseos que le acusaban de relacionarse con pecadores y personas de mala fama fue:

Yo soy médico de las ánimas. No vine a otra cosa a este mundo, sino a curar ánimas enfermas. Estas que aquí están son enfermos, son pecadores, como vosotros decís. Yo soy el médico ¿qué os espantáis que están aquí conmigo? Si estuvieran sanos, no habían menester médicos; pero están enfermos, están llagados, piden medicina, quieren ser sanos23.

Jesús no niega que sean pecadores, pero afirma que se merecen otra oportunidad, quiere para ellos la salvación, y les ofrece la posibilidad de la conversión. Los fariseos, en cambio, tienen un corazón inmisericorde cuando en realidad Dios quiere misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos (cf. Os 6,6-7; Mt 9,12-13).

No todos los pecadores buscaban a Jesús sino los que tenían conciencia de pecado y querían su perdón, es decir, los que tenían fe en que Jesús es el Hijo de Dios y puede perdonar pecados.

San Juan de Ávila nos dice que aunque Dios sea misericordioso no por eso, debemos atrevernos a ofenderlo. El tener un padre bueno que nos perdona, no nos autoriza a ofenderlo, sino al contrario debe ser motivo de agradecimiento.

1.4. Prontitud de la respuesta de Mateo.

Nos recuerda el P. Ávila que Dios nos llama a todos, pero unos responden a la llamada como San Mateo y otros hacen oídos sordos a su llamamiento. “Mira que te llamará Dios y no sabes cuándo, ¿quién pensáis que os dice esto, quién pensáis que os avisa y despierta y llama, sino Dios, que busca y llama, y busca maneras para que os convirtáis a Él y os salvéis?”

1.5. Martirio de San Mateo.

Para San Juan de Ávila es muy importante la prontitud con la que dejó todo San Mateo y siguió a Cristo, no hubo dudas, ni añoranzas por lo dejado, a pesar de que Jesús sólo le ofrecía una vida errante y de pobreza. A San Mateo no le importó el qué dirán, sino seguir al Rey y Pastor.

No quiere terminar el Maestro Ávila este sermón sobre San Mateo sin hacer referencia al martirio del evangelista. Además, dice que este santo fue el primer fundador de monasterios que hubo en el mundo entre cristianos. Amigo de la castidad y de la virginidad. Predicó en Etiopía25 hizo muchos milagros, convirtió al rey, a su familia y a la ciudad. Al morir el rey subió al trono Hircaco, el cual quiso casarse con Efigenia la doncella hija del rey, pero ésta había hecho voto de castidad ante San Mateo. Ella sólo haría lo que San Mateo le pidiera que hiciera. Por eso lo martirizaron, esto es, porque el consejo de San Mateo a Efigenia fue que permaneciera virgen y no se casara, “que aunque el matrimonio era bueno, pero muy mayor y mejor era la virginidad, y que acá se casaban con un hombre y perdían su virginidad y limpieza, y en el desposorio de Cristo siempre estaban vírgenes, limpias y guardadas”. Allí mismo, en el monasterio donde estaba Efigenia, el rey Hircaco hace bajar a San Mateo del púlpito y lo apalea hasta la muerte

David Aguilera

¿Consideras que su estudio es necesario para comprender la Iglesia de hoy?

San Juan de Ávila es un reformador de la Iglesia en un momento de necesidad y ante la crisis de la Iglesia de la época se erige como figura significativa del s. XVI donde destacó por su agudeza, ingenio, admirable memoria, sensibilidad y su incansable aplicación al estudio, la doctrina teológica y la sabiduría de sus consejos como guía espiritual, constituye un aire fresco que la iglesia necesitaba en esa época.

Todo ello, en nuestros días sigue constituyendo un activo para la Iglesia y nos permite formarnos a través de él en aspectos humanos, intelectuales, espirituales y pastorales que a través de sus escritos nos acercan a la Sagrada Escritura y a los padres de la Iglesia y nos sumerge en la espiritualidad cristiana, siendo así enviados renovados interiormente e invitados a salir a las periferias a proclamar el evangelio. No se trata su doctrina por tanto en unas circunstancias, históricas, sociológicas y culturales concretas sino que estas siguen siendo de actualidad y nos preparan para la comprensión de las estructuras eclesiales de hoy.

¿Qué aspectos de los sermones de San Juan de Ávila mantienen hoy su vigencia?

Todos ellos. Él sabe transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los misterios centrales de la fe y su implicación en la vida cristiana, provocando la adhesión a Jesucristo y la llamada a la conversión en el amor a la Eucaristía junto a ello, el sacramento de la penitencia que nos acerca a la Resurrección interior al restablecerse la amistad con Dios.

¿Somos conscientes del valor que tiene el hecho de que sus restos reposen en Montilla?

No del todo, aunque cada día queda más patente el privilegio y la bendición que supone que el Maestro y Santo Doctor de la Iglesia columna de esta como lo califico Santa Teresa de Jesús y a través del cual quiso Dios engrandecer a España en un momento de su historia. Se constituye como referencia para todo el clero diocesano español e iberoamericano tenga su lecho en Montilla (Córdoba), ha de ser una alegría para toda la diócesis porque constituye el resurgir de la espiritualidad sacerdotal, el símbolo de la fraternidad de la unión con el presbiterio y un aliciente para la escucha y llamada de manos del Padre a nuevas y vigorosas vocaciones al sacerdocio para nuestro país.

¿Es San Juan de Ávila una figura inabarcable?

Sin duda, sí. En el nuevo milenio y con la vista puesta en la nueva evangelización  su doctrina y ejemplo de vida están vivos para iluminar los caminos y métodos y seguir infundiendo el ardor necesario a la Iglesia para anunciar  a Jesucristo, sus enseñanzas nos ayudan a todo el pueblo de Dios en el fiel cumplimiento de nuestra vocación con entrega, sencillez, humildad y valentía para vivir la radicalidad evangélica y vivir con verdadero agradecimiento la dimensión esposal de cada uno de nosotros con la Eucaristía por nuestra consagración, a partir del bautismo que nos constituye hijos adoptivos de Dios en Jesucristo y nos prepara para ser templo eucarístico.

La firmeza de la fe verdadera, el amor a la Iglesia, la santidad del clero, la imitación de Cristo y su fidelidad al Concilio constituyen la enorme y transcendental figura del Maestro para todos los cristianos, se ha de hacer presente en nuestras vidas y en nuestra sociedad a través de su doctrina y como ejemplo de impulso para las generaciones del nuevo milenio, como evangelizadores de la mano del Maestro Ávila.